Ariadna miró hacia abajo confusa e incómoda, no lograba recordar qué había pasado en las últimas horas pero sabía que no era nada bueno. Había perdido uno de sus zapatos de tacón y su vestido roto y sucio desprendía olor a humo, ella no estaba mejor que su ropa en
la cara se podían apreciar manchas de sangre correr hacía abajo y la suciedad escondía un rostro magullado. Le picaban los ojos pero eso no era nada comparado con los dolores que tenía por todo el cuerpo. ¿Qué había pasado? Cerró los ojos escondiendo la cabeza entre las piernas, intentaba recordar con todas sus fuerzas pero el fuerte sonido de las sirenas no dejaba que se concentrara.
. -¿Estás bien?¿Hola?- Volteo la cabeza viendo únicamente un uniforme, negó con la cabeza mientras aceptaba la mano que le tendía el joven-Ven podemos ayudarte. No supo qué pasó después pero despertó en una confortable habitación de hospital aún confusa pero sin apenas dolor, al lado de su cama reposaba un hombre que se levantó en cuanto noto como Ariadna se movía, la miró sonriente y se dirigió suavemente a ella.
-Has despertado, te vas a poner bien tranquila, solo tienes algunos golpes pero nada grave.
-¿Qué ha pasado?
-Por lo visto estaba en el incendio, el hotel te vieron salir ¿Lo recuerdas?
-No yo, no me acuerdo de nada de ayer, lo último que sé es que salí de la oficina hacía mi casa-Ella empezó a recordarlo todo pero un voz interior le dijo que era mejor mentirle, no había visto quién la había golpeado-Braulio, ¿Dónde está mi hermano?
-Sólo dijo que tenía que hacer algo y se marchó, me pidió que te cuidara.
-Bien, pues ya estoy bien puedes llamar a alguien, necesito que me den el alta.
-No, necesitas descansar, duerme un poco seguro que cuando despiertes él ya ha regresado…-Miró fijamente al marido de su hermano, esté ya se había percatado de que no iba a poder hacer nada para retenerla, con un suspiro dejó de hablar y se levantó para ir a buscar al médico y este después de una pequeña revisión y un cruce no muy agradable de
palabras no se opuso a darle el alta. No habían pasado ni dos horas desde que despertó y ya se dirigían hacía el aparcamiento, ella quería llamar a un taxi pero Braulio había insistido en llevarla él mismo. Cuando se sentó en el coche revisó la bolsa con sus pertenencias que le habían devuelto
buscando el teléfono, tenía la pantalla rota pero aun funcionaba. Braulio ya había emprendido la marcha hacía su casa esperando encontrar allí a Ricardo, que hubiera estado en el hospital había tranquilizado a Ariadna. Busco su nombre en la agenda, apagado, su última hora de conexión era a las once de la noche, justo antes de quedar con ella, se revolvió incómoda en su asiento.
-¿Té dijo Ricardo algo más?
-No, sólo que tenía algo importante que hacer y que no te dejará sola.
-¿Qué no me dejaras sola?
-Bueno, perdón, que te cuidara. Tranquila, ya estamos llegando seguro que está en casa- Guardaron de nuevo silencio mientras giraban la calle Ariadna miró hacía la entrada de la casa, la moto de su hermano no estaba y si no estaba ella tampoco él, aun así cuando aparcaron siguió a Braulio hasta dentro de la casa. Este sirvió dos vasos de whiskey y prendió un cigarro.
-¿Aún no recuerdas que hacías en el hotel? Quizás habías quedado con alguien- La miró muy fijamente mientras estiraba el brazo ofreciéndole uno de los vasos, pero ella cogió el otro.
-Puede ser, lleve demasiados golpes para escapar del fuego, no es algo que se viva todos los días, aún estaré en shock, hasta dentro de unos días que todo se calme y hable con Ricardo.
-Ay Ariadna, parece que no confiaras en mí, ¿Con quien habías quedado? Todos sabemos que los que se van a ese hotel no se van a dormir. Si estuvieras en shock no te habría dado el alta ¿No?-Dijo dandole un largo sorbo a la bebida.
-Me la dio casi obligado ¿Tú sabes bien a lo que se va verdad?
-¡Qué voy a saber! Por favor, podríais haber muerto y ni siquiera eres capaz de decirme que habías quedado con Ricardo ¿Por qué me engañas?¿Por qué habíais quedado allí?-Mientras escupía cada palabra se iba acercando cada vez más a ella hasta prácticamente tenerla acorralada contra la mesa, podía oler su aliento a tabaco, no era capaz de contenerse y eso le había delatado.
-Lo sabías desde el principio ¿Fuiste tú? ¿Qué más estás ocultando? Aléjate de mí-Palpo la mesa buscando a ciegas algo con lo que defenderse.
-Querida aquí la única que ocultas cosas eres tú, dinos qué te contó Ricardo.
-Déjame irme, ¿Dónde está Ricardo?-Noto en su mano el frío metal de un abrecartas.
-DIME LO QUE SABES O TERMINARAS COMO ÉL, ZORRA- Nunca supo si habían sido los nervios, el miedo o la rabia que brotaba de su interior pero en el mismo momento en el que Braulio escupió ese último grito esta le clavó con todas sus fuerzas el abrecartas en el costado media docena de veces, echando a correr hacía la puerta.
-¡Las llaves!¿Dónde están las llaves?- Él se río con un hilo de sangre corriendo por la comisura de su labio, mientras que con las manos intentaba para la hemorragia.
-No saldrás de aquí Ariadna, ellos no te lo permitirán.
-Tú tampoco.
Habían pasado unas horas desde ese momento, Ariadna le había curado las heridas a Braulio, el curso que había hecho de enfermería le fue útil para evitar que se desangrara, en un primer momento pensó en llamar a la policía pero los teléfonos y el internet habían sido
bloqueados. Le tapo la boca, no quería oírlo de momento, le curó y ató, luego empezó a dar vueltas por la casa buscando las llaves, ni rastro. Seguramente les habían encerrado desde fuera pero entonces él no les importaba gran cosa pensó ¿Si no por qué dejarlo encerrado
con ella? Suspiro y lo miro.
-Voy a contarte una historia, cierra los ojos imaginate el Hotel -Ariadna sirvió otro vaso de whiskey, mientras Braulio intentaba gritar algo a través de la mordaza que le había puesto-Planta 48, puerta 24, no pensaba tener que volver aquí de nuevo. Pero… me haces volver aunque sea a través de los recuerdos-Suspiró de nuevo- Me haces volver, nunca la olvidaré
esa habitación, el número dorado, el 24 ¿Sabes cuándo fue la primera vez que estuve?-Espero unos segundos, él sabiendo lo que vendría después se había quedado en silencio y solo la miraba con cara de miedo-Solo tenía seis años ¿Sabes? Fue en la salida del colegio, mi mamá había tenido un accidente y tenía que ir con ellos, no se que le dijeron a la maestra pero me dejaron ir. Recuerdo que les dije que esa no era mi casa
pero solo me contestaron que me vendrían a buscar más tarde mis padres, sería divertido “En la 48 tenemos muchos juegos” me dijo el más joven sonriendo. Recuerdo cómo era la habitación, cada detalle, las paredes rojas con cruces, en el centro de la misma una cama y varias cámaras, no quise entrar me daba miedo, pero me empujaron, después llego el primer
bofetón. El que me hizo la mayoría de fotos y su compañero eran los más jóvenes me fije en ellos porque no dejaban de darme órdenes y hablar de dinero, tendrían no se unos 18-19 años como mi hermano ¿Cómo tú quizás? Luego me dejaron en el parque cercano a mi casa y me dijeron que si lo contaba le harían mucho daño a toda mi familia. Aguante las
lágrimas, pero nunca les dije nada hasta hace unos años cuando mi hermano lo descubrió y juro que se vengaría. Claro que recuerdo lo que pasó ayer, necesitábamos la última prueba pero para eso teníamos que volver, allí a esa habitación ¿Por qué yo?¿Algo que decir antes
de que termine con la historia?-Le arrancó la mordaza de la boca.
-No eres especial, tú como cualquier otro niño, da igual lo que nos pidan lo conseguimos y se lo damos ¿No lloraste delante de tu familia? Ellos recibieron una fuerte cantidad, ni siquiera sé si yo te fotografié ¿Sabes cuantos niños pasan por esa habitación? No me hagas reír, déjalo ya no tienes nada que hacer, estamos en todas partes. El médico no te dio
el alta porque sí ¿No te pareció raro? Aunque hubieras insistido… Y ahora estás aquí encerrada, se acabó.
-Sólo dime, que paso en el hotel cuando me quede inconsciente.
-Estabais husmeando de más, os vieron subir en el ascensor e inmediatamente se avisó a los que estaban trabajando en la habitación cuando llegasteis estaba vacía solo teníamos que deshacernos de vosotros. Yo te golpeé por la espalda antes de que mi compañero fuera a por
Ricardo pero este lo golpeó y se tiró encima de él, no tuve otra opción que disparar. Llamamos a nuestros superiores y nos dieron la orden de purificar la zona, esto quiere decir borrar todo rastro y dejaros dentro, pero no sé cómo escapaste antes de que ardiera todo, te buscamos y te llevamos al hospital que nos convenía tenerte cerca y poder terminar
más tarde el trabajo del hotel, aunque lo complicaste un poco, no vas a salir de aquí, yo sólo soy un currito, no soy importante y ellos no se van a arriesgar a que salgas con vida. Además tienes que morir, por tu culpa murió Ricardo, solo por tu culpa, no podías olvidar y dejarlo pasar, no. Y por eso si no te matan ellos lo hare yo, por obligarme a terminar con la vida de la persona que más queria.
-Sí, sé que voy a morir, pero me falto contarte el final de la historia. Veras desde que se había enterado habían pasado varios años, durante esos años los dos hermanos reunimos muchas más pruebas y sobre todo teníamos muchos nombres, políticos, altos mandos, personalidades de todo el mundo todo, sabíamos que ese monstruoso hotel era el centro de operaciones, sabíamos que esa noche se terminaría el juego, aunque nuestro plan no salió como esperábamos, nosotros perdimos antes de entrar en la habitación pero vosotros ya habíais perdido horas antes y el mundo ha ganado. Gano cuando enviamos las copias de todo lo reunido a
multitud de televisiones y medios de todo el planeta, también esta la cámara en mi collar protegida, grabándolo y subiéndolo a la nube, los periodistas tienen los accesos y las autoridades encontraran la cámara en mi cadáver-Su sonrisa se torno siniestra y divertida, miraba a Braulio con un brillo especial de victoria.
-Espera, podemos darte mucho dinero, no hagas nada.
-Ya está hecho, cállate ya, vas a morir-Ariadna había cogido las botellas de alcohol que había encontrado y esparcía whiskey, ginebra y ron por toda la estancia-¿Cómo lo llamaste? Ah, sí, purificar, ambos vamos a purificarnos, se que no voy a salir pero ellos van a caer y hoy todos conocen los rostros de los monstruos tras la habitación.
Y tras decir esto con la sinfonía de los gritos pidiendo piedad de Braulio cogió su mechero encendiendo primero la puerta, después la cortina, la cama… Cerró los ojos y sonrió mientras escuchaba los gritos ahora de dolor cada vez más ahogados de Braulio, sonrió mientras ambos eran rodeados por el fuego.
